LA VIDA ES SUEÑO.

  • 15 de May de 2022

LA VIDA ES SUEÑO

Llega esta crónica con retraso intencionado para reposar un partido vibrante y enfriar las cabezas. Se hace de rogar para imponer la analítica a la pasión, pero se hace imposible. La Sociedad Deportiva Logroñés ganó el derbi.

Lo pueden decir alto y claro a quienes se lo pregunten el día después porque el equipo de Raúl Llona fue merecedor de la victoria por constancia, compromiso, fe y un Calderón extraterrestre. El de Almansa firmó uno de sus partidos más completos desde que viste la elástica blanquirroja, cuyo número no acertó a adivinar su par durante muchas fases del partido. Era el 7 (nota para los radares)

Comenzó el partido de dulce para los visitantes: error en la salida de balón, centro regular desde la derecha, toque involuntario de Albisua y Duba madrugando a una defensa todavía perezosa. 0-1 y malas noticias también desde la frontera norte: el Talavera se adelantaba en el Stadium Gal.

Llona había avisado durante la semana de que el partido tendría, a su vez, muchos micro partidos. Dibujó un encuentro a modo de matrioshkas rusas y pidió paciencia para ir descubriendo las figuras. Los locales lo interpretaron como un ejercicio de observación y aseo. Observación para detectar las fugas de agua en el rival y aseo para circular la pelota sin más errores groseros.

La observación dio sus frutos en el 17. Las alertas depredadoras se encendieron todas a la vez señalando al flanco izquierdo de la defensa “udelista”. Allí Iñaki estaba disputando un particular mini partido con Calderón. El de Almansa, más veloz, añoraba pradera a la espalda del de Calahorra y allí que le envió un balón Diego Esteban. El 7 dibujó un centro milimétrico y Córdoba en el segundo palo ejecutó de certero zurdazo.

Irún traía también buenas noticias. El Talavera se dejaba la ventaja en el camino y se firmaban tablas momentáneas. De vuelta a Las Gaunas, Cubero hizo manada con Calderón y ascendió a latitudes donde se anunciaban presas. De no ser por el asistente, Jon Ander se hubiera cobrado la segunda pieza de la tarde. Banderín arriba, gol anulado y moviola para las tertulias. Sin embargo, el camino estaba marcado y, minutos después, otra irrupción en estampida de Calderón terminó con Rueda introduciendo el balón en propia puerta cuando los delanteros blanquirrojos se relamían en boca de gol. Con 2-1 se llegaba al descanso. Silencio en el fondo sur, algarabía en el norte.

El retorno de vestuarios nos deparó un gol de antología. Enésimo error en la salida de balón de Unión Deportiva Logroñés y zapatazo desde más allá del balcón del área para dibujar una parábola imposible para Daza. La firma pueden imaginársela. Calderón había rubricado dos asistencias y un gol en apenas 50’. El elemento diferencial.

Intentó mover algo Aguilá sacando del campo a un Diamanka desnortado y superado -al igual que Castellano-  por las emboscadas de Albisua y Javito. La Sociedad no sufría en absoluto y la circulación de balón de los visitantes se hacía densa como los accesos a una gran capital en hora punta. Llona, por su parte, seguía a lo suyo, destapando muñecas. Entraron Emilio para refrescar la medular, Soberón para darle un aire más fresco al ataque y Pirri para acerar el centro del campo. Todos cumplieron con estricta pulcritud, al igual que Sandoval y un Deiby que ingresó cuando el partido afrontaba su recta final, estrechado por un segundo gol de Duba tras pared en la frontal del área.

El derbi aún quiso abrir las puertas a la polémica con gol anulado a Aridane por posición adelantada cuando el segundero agonizaba. No hubo tiempo para más… o sí. El triunfo pone por delante a la Sociedad Deportiva Logroñés en el histórico de enfrentamientos con su antagónico capitalino, sella la permanencia a falta de dos jornadas, rubrica una temporada extraordinaria de los blanquirrojos y da sentido a Segismundo en su soliloquio –obra de otro genial Calderón- cuando afirmaba que la vida es un frenesí. La de la Sociedad este año ha sido, además, sueño e ilusión.